¡Zaragoza! Un lugar al que vuelvo y volvería una y otra vez y no me canso, ¡y siempre me emociono!
Zaragoza en sí, bueno, está bien como pequeña ciudad, sus calles, sus gentes... Pero tiene algo que para mí es lo que la hace muuuy especial: la Basílica del Pilar con su Virgen, la "Pilarica". Un lugar con una atracción espectacular, siempre hay gente, algunos turistas, sí, pero también mucha gente que va a rezar con mucha devoción. Casi cada hora se celebra una Misa, se reza el Rosario... Es verdad que con la pandemia, ha cambiado un poco, como no podía ser de otra manera.
No pudo faltar, nuestra visita al río Ebro, ya de noche. Es una imagen que me fascina: las torres iluminadas reflejándose en la oscuridad sobre el río Ebro. ¡Un deleite! Y en muy buena compañía, ahí fuimos mi marido, mi hijo y yo; obviamente, las hijas con los peques imposible, pero como digo una imagen que siempre me viene de nuevo y me embruja...
Fuero dos días intensos, pero una pasada, para mí, un sueño pensar que donde habíamos ido al principio de casados mi marido y yo, ahora íbamos todos, ¡una pasada y un disfrute! No quisimos dejar pasar la ocasión de hacer "ballar la baldufa", de esto se encargó la hija mayor, una grata sorpresa. Es un episodio de nuestra historia familiar que no podía faltar.
El fin de ir allá era hacer algunas peticiones a la Virgen, Ella es Madre y está en todas partes y en múltiples advocaciones, pero ahí también hay una historia muy personal, mi agradecimiento hacia Ella, Nuestra Señora del Pilar, que nunca podré olvidar, pues ha sido lo más importante que me ha pasado... Ahí lo dejo, y por tanto, yo siempre que voy lo primero es decirle "¡¡gracias!!" y después, cada momento tiene su necesidad y tengo que decir que siempre mis peticiones han sido escuchadas... Así que esta vez las mías y las de mi marido, hijos y nietos estoy segura de que también lo serán.
La ocasión fue que el año pasado fue nuestro 35º aniversario de boda y yo dije que como celebración especial, desde los 25 años pensé y dije que cada 5 años, los que se cumplan, me gustaría hacer una celebración especial, pues si nunca es seguro poder llegar a los 50 años... En nuestro caso es más difícil, no imposible, desde luego, pues él tendría 94 y yo 80. En fin, ¡¡ojalá!! Y como estábamos con las restricciones de movilidad quedó pendiente! Pero bueno, pienso que siempre es bonito celebrar el bonito recuerdo y la ilusión ahí queda, ya en el recuerdo de un camino que gracias a Dios va avanzando y como siempre, es inevitable, hay alguna espina, está bien hacerlo lo más grato posible.
Bueno, resumiendo, fueron dos días que, aunque se tuvo que salvar algún obstáculo, pero gracias al esfuerzo, ilusión y cariño de todos, allá fuimos.
Tony






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