lunes, 6 de junio de 2022

New York, New York!

Pues sí, ¡sueño cumplido! Un sueño de muchos años, quizás 20, no sé, pero cada vez que oía o veía algo de Nueva York, tenía como una esperanza e ilusión por ir algún día.

Ya hace unos años, 3 ó 4, nuestro hijo Josemaría nos dijo: "Algún día iremos". Yo, la verdad, no me lo acababa de creer, pero poco a poco la idea fue cobrando fuerza, luego vino la pandemia... y en fin, este año ya nos dijo: "Este año sí", y efectivamente el 9 de mayo allá que fuimos nuestro hijo, mi marido y yo.

La maleta amarilla daría bastante que hablar.

Bueno, antes de ir fuimos escuchando opiniones, consejos... todo sirve, desde luego, pero luego en vivo y directo es cuando realmente lo vives y disfrutas.


Es una ciudad de contrastes, luz, ruido... llama la atención que en un lugar que está tan enfocado al turismo, los pavimentos no están demasiado cuidados; los transportes tampoco... poca accesibilidad para personas de movilidad reducida, los metros la mayoría no tienen ascensores y sí bastantes escaleras. Es verdad, me llamo también la atención que no se veía mucha gente mayor y menos con bastón, como era el caso de mi marido, ni en sillas de ruedas... es curioso, o será que como es tan grande... pues no los ves. Sea como sea, lo dicho, los accesos a los metros en general bastante mal.

Aparte de esto es una ciudad totalmente cosmopolita, gente de todas razas y muy diversa, variopinta; no te ves extraño por allá y nadie se extraña de tu presencia... Alguien me dijo que te sientes como en casa. Bueno, no diría tanto, pero no te ves fuera de lugar. El trato con la gente, en general, correcto.


La verdad es que es un lugar muy bonito de conocer y vivirlo por unos días. Llama la atención, también, el sentido patriótico: en todas partes, incluidos los transportes, está la bandera de los Estados Unidos.

Mi marido haciendo broma en el museo de cera.

Bueno, allá yo creo que necesitarías un mes mínimo, y andando y haciendo buenos recorridos cada día, para poder decir que conoces Nueva York; obviamente no fue nuestro caso. Nosotros fuimos una semana que contando los viajes, quedaron unos cinco días y medio aproximadamente. Fueron, eso sí, muy bien aprovechados, dentro de nuestras limitaciones, pues José, a sus 81 años, no se le podía pedir más, que ya fue mucho.

La llegada -no el vuelo- fue un poco caótica, con pérdida de maleta (despiste mío) y recuperación gracias a la destreza de Josemaría, acomodación en el alojamiento... En fin, que las primeras horas fueron para decir "Dios mío, ¿dónde nos hemos metido?". Después, al día siguiente, ¡el panorama fue muy distinto!

Desde luego, allá todo es súper caro, así que Josemaría opto por coger un pase turístico en el que iban incluidos varios sitios, muy buena decisión; eso sí, era de dos días y había que aprovecharlo.


Así que en esos dos días fuimos a la estatua de la libertad, al museo y exposición memorial del 11S -impresionante-, al Empire Estate, a Rockefeller Center, a un pequeño crucero recorriendo la bahía muy bonito y animado y con muy buen tiempo, al museo de cera -vale mucho la pena, muy logrados los personajes, con mucho gusto, puedes ponerte como uno más-... En fin, una pasada y gozada.


En cuanto a la famosa estatua de la libertad, está bien y desde luego todas las excursiones en ferri pasan cerca, como supongo que no puede ser de otra manera. A mí quizá me decepcionó un poco y creo que a ellos también; te la imaginas mucho más grande, más imponente, espectacular, y claro, comparada con los rascacielos se ve pequeña; así y todo, el lugar muy bien, muy agradable, así que aunque quizás no hay para tanto, vale la pena.

Hicimos un ferri (era gratuito, había que aprovecharlo) que nos llevó a Staten Island. Un lugar... la descripción que me sale es tranquilo, muy tranquilo, tanto que muchos ratos éramos los únicos viandantes. Eso sí, descubrimos un parque con un conservatorio en su interior muy agradable, vimos muy pocas personas y solo una que entraba en dicho conservatorio, fue curioso.


También por supuesto fuimos por el centro de Manhattan, 5ª Avenida, Times Square -impresionante y bullicioso-, Broadway -paseamos por ahí pero no fuimos a ningún espectáculo- y, por supuesto, Central Park: inmenso, precioso, variopinto... en fin, un lugar en el que te podrías pasar días y no te cansarías.


También fuimos a algunas misas, por supuesto.

Alguna fue en castellano e Inglés, en la parroquia donde tienen unos locales (apartamentos) para personas que están de paso, y allá estuvimos alojados. La gente, empezando por Father Andrew y los que se alojan allí, muy agradables; una noche compartimos la cena con ellos, hicieron una tortilla española y otras cosas, estuvo muy bien.

Otra misa fue en Saint Patrick's Cathedral, en plena 5ª Avenida, muy bonita la iglesia y la misa en inglés muy bien, y con bastantes fieles aun siendo día laborable.


El día, antes de volver, el sábado, lo terminamos cruzando por la noche el también famoso puente de Brooklyn. ¡¡Impresionante!! Une Manhattan con Brooklyn. Eso sí: aquí acabó nuestra visita a Brooklyn... no dio para más, pero una muy bonita experiencia.



Finalmente, el último día, domingo, nos hacía ilusión ir a una misa góspel, que había en Saint Joseph of the Holy Trinity, en pleno barrio de Harlem. No llegamos a tiempo, pues era bastante recorrido y llegamos muy tarde. Pero sí nos quedamos a la de las 12h, en español. Llena a tope, el sacerdote muy expresivo, la gente muy participativa... Como nuestra última misa neoyorquina, estuvo muy bien. Y vimos un poco el barrio que ha sido escenario de unas cuantas pelis... es tal cual.


Bueno, y para ir concluyendo y resumiendo.


¿Qué ha significado para mí? 

Aparte de un sueño muuuuuy deseado, ahora realizado, ha sido una experiencia y una aventura increíble, que nunca olvidaré.

Aventura, sí, porque yo también ya tengo una edad, aunque gracias a Dios me noto y creo estar en bastante buena forma. Pero sobre todo por José; a sus 81 años y con algún que otro achaque... no sabíamos cómo lo llevaría. Y una vez más, nos sorprendió mucho y gratamente su capacidad de adaptación!! Pasó de caminar lo justito, evitar escaleras, ser un poco selectivo y rutinario con las comidas... a caminar sin medir distancias, subir y bajar bastantes escaleras (en el metro y en el alojamiento), a comer comida rápida en sitios como Central Park, sentados en un banco escuchando música en directo... 


En todo momento estaba dispuesto a lo que fuera y sin media queja. ¡Inaudito! Ya que en principio no le hacía especial ilusión el viaje, siempre su frase era "yo os acompaño", y fue esto y mucho mas!! La única explicación es... que el amor hace posible lo que a priori parece imposibleChapeau!

En cuanto a nuestro hijo, Josemaría... ¿qué voy a decir? Él fue el artífice, el guía, el organizador, el improvisador en algunos momentos, el perfecto acompañante: paciente con nuestras limitaciones y despistes... bueno, no acabaría de describir todo lo que hizo por nosotros, sus padres. 

Gracias, hijo, por haber hecho realidad este sueño -¿capricho?- mío, pero de verdad nunca jamás lo olvidaré y siempre serán unos maravillosos días que tuvimos la gran suerte de compartir. ¡¡¡GRACIAS!!!

Thank you very, very much.


Tony Sarrias