Ayer, 24 de noviembre, festividad de Cristo Rey, el Sto Padre Francisco clausuró, ante una plaza de San Pedro muy llena de fieles y muchos seguidores a través de los medios de comunicación, el año de la fe;,iniciado por su antecesor el Papa Benedicto XVI.
Ha sido un año, desde el 11 de octubre de 2012, coincidiendo con el 50 aniversario de apertura del Concilio Vaticano II, hasta ayer, cuya finalidad e intención del Sto Padre era provocar una auténtica y renovada conversión al Señor... Para este fin ha habido muchas y muy variadas iniciativas a nivel local, parroquial, regional, de comunidad... En fin, no han faltado medios y ocasión para conseguir dicho fin. ¿Se ha conseguido? A nivel individual, que cada uno se lo pregunte a sí mismo; a nivel comunitario, yo, francamente, creo que sí, que ha habido como un renacer, rejuvenecimiento (no olvidemos que la JMJ, estuvo dentro de este año) de la fe; ha coincidido también con el inicio del pontificado del Papa Francisco, que nos está sorprendiendo -diria casi a diario- por su manera de llevar el timón de esta barca que es la Iglesia; en realidad el contenido de sus enseñanzas es el mismo; la forma, a la vista está, algo diferente, es lógico, hay que irse adaptando a las nuevas circunstancias.
Creo que ahora nuestra tarea es en primer lugar agradecer al Señor que a través de estos Papas hayamos podido vivir este gran don, como ha sido el año de la Fe, y pedir que para nosotros, los creyentes, que queremos seguir de cerca al Señor, haya dado su fruto. Y, como acabo de escuchar en una homilia, el año de la Fe, ha concluido, pero no la fuerza de la Fe.