Así decía una de las canciones de la película El violinista en el tejado, estrenada allá por los años setenta, buena película ganadora de 3 Oscars y otros premios.
Pues eso, no voy a entrar en la película, pero sí contaré que hace unos cuantos días, alrededor de San José, no pude menos que recordarla.
Mi suegro era panadero, con lo cual mi marido le ayudó unos cuantos años (y tuvo su fama el pan que hacía en el pueblo, Montblanc). Pues en nuestra familia ya se ha convertido en "tradición" que mis nietos mayores, primero el niño y hace dos años, los dos, dado que mi marido, el avi Josep, celebra el santo, mi hija ideó que el avi hiciera cocas con sus nietos; y la verdad, es muy bonito verles a los cuatro (avi, mamá y niños) con las manos enharinadas, amasando, dándoles formas, cociéndolas al horno, de verdad es una gozada verlo y... ¡¡Viva la tradición!! ¡Claro que sí!
Pienso que las tradiciones son una de las bases para que se mantenga la familia, las raíces, la historia... Para mí es muy emocionante verlo año tras año.
También en nuestra familia -esto no sé si se puede llamar tradición o costumbre- aprovechamos pequeños acontecimientos para celebrarlos. Por supuesto santos, cumpleaños, aniversarios...
Nosotros, mi marido y yo, desde hace varios años de alguna manera sencilla celebramos el día 22 de cada mes, ya que nos casamos el 22 de junio del 1985. Es una manera de mantener la ilusión y el amor al día y no caer en la rutina, que después de casi 34 años... Pues no sería raro.
También se ha convertido en costumbre/tradición ir mi marido y yo a Zaragoza con la mirada puesta en el Pilar, y disfrutar también de su entorno y sus gentes. Este año, por circunstancias muy especiales, se ha unido nuestro hijo menor, que vive actualmente en Madrid y nuestro punto de encuentro fue ahí, en Zaragoza.
Ha sido también un encuentro muy especial, pues nos empeñamos en localizar un parque al que habíamos ido toda la familia, allá por el año 1998, y en el cual hicimos bailar una peonza ("baldufa", en catalán), y allá que nos fuimos con la misma peonza en busca del parque. Costó un poco, ya que buscábamos el mismo escenario, una plazoleta con un mapa de España en relieve. Con nuestro empeño, tozudez e ilusión, localizamos el lugar, con gran emoción, y la "baldufa", bajo el impulso del chico, ¡¡volvió a girar!! Al cabo de 21 años, allá estaba, rueda que rueda, ante nuestra emocionada mirada. Esta vez nuestro paso por Zaragoza fue muy, muy especial, bonito y emocionante! Y es que... Zaragoza nunca decepciona.
En fin, hay otras varias costumbres familiares que espero que no sucumban al paso de los años... Sobretodo algún encuentro anual con más familia con la que habitualmente nos vemos poco.
Bueno, resumiendo: olé por la tradición, por las costumbres, por la familia!!! Ojalá continúe así muuuuchos años y, ¿por qué no?, se vaya transmitiendo a las nuevas generaciones.
La nonna Tony
(simplemente "Tony", para mi gran familia)





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